De excursión con el maestro
Estaba haciendo un calor del carajo, pero con unas copas de más por importó. Él metió su mano en mi escote, sus dedos eran ásperos y mis pezones quedaron erguidos. El semáforo se puso en verde y su mano volvió al volante. Giró a la izquierda y tomó la carretera, luego a la derecha, sin decir nada, ambos sabíamos que era momento de romper esa tensión sexual que tenía meses germinando. Desde el primer vistazo que le dio a mis nalgas cuando usé el vestido entallado, lo supe sin más. Entramos al cuarto, inspeccioné el lugar mientras él fue al baño, luego fui yo. Oriné y enjuagué mi vagina, por si acaso. Hablamos tonteras triviales. Luego nos besamos como locos, pero él estaba tenso, supongo que el tabú de alumna y maestro aún mermaba en su psique. Estaba hambrienta de deseo, ese cuerpo de 1.90, brazos gruesos y manos enormes, con pecho velludo me hizo echar a volar por lo que en su pantalón podría ocultar. Volvimos a charlar de una y otra cosa, fantaseamos con ser personajes de ...